Sobre el deber del Estado ante expresiones populares y la construcción de la sociedad democrática: a propósito de los cortes en Gualeguaychú

Publicado en Revista Debate, 2007.

1. El pasado 6 de setiembre un tribunal arbitral ad hoc del Mercosur resolvió un reclamo planteado por Uruguay contra Argentina. El tema a decidir fue si el Estado argentino había actuado de acuerdo a las exigencias del derecho internacional ante manifestaciones de los habitantes de la provincia de Entre Ríos, fundamentalmente de la ciudad de Gualeguaychú, que produjeron cortes en las vías de comunicación (rutas y puentes) entre los dos países de modo intermitente durante aproximadamente cinco meses. El motivo de los cortes era el reclamo ante la instalación de dos industrias vinculadas al negocio del papel en la margen izquierda del río Uruguay que los manifestantes temen que altere su modo de vida, amenace su salud y el medio ambiente y, además, la industria turística que da sustento a gran parte de la ciudad.

Estaba fuera de discusión que los manifestantes expresaban el sentimiento mayoritario de las poblaciones involucradas y que el gobierno nacional no alentó los cortes, pero sí los toleró negándose a reprimir.

2. Mi reflexión no tiene que ver con el cumplimiento o incumplimiento de un deber jurídico en el sentido de lo que habitualmente jueces y abogados discuten. Es obvio que cortar un camino público e impedir el tránsito afecta el derecho de transitar libremente, reconocido por la Constitución, tratados y leyes.

Mi interés en decir algo respecto de este tan comentado tema es, tal vez, ingenuo. Tiene que ver con la visión de los deberes de la sociedad y del Estado que expresan algunos sectores sociales, y no con encontrar una norma jurídica que justifique o condene la conducta de los manifestantes o del Estado argentino. Por eso, sugiero que se tome el caso de los cortes en Gualeguaychú como un motivo para la reflexión, y no como un comentario al laudo. En parte, creo que cuando las cuestiones políticas se judicializan las respuestas del derecho tienen a ser poco eficientes. Por cierto, acá no estamos ante un proceso judicial interno, pero el debate que se planteó ante el Tribunal ad hoc, por la vía de cuestionar la conducta del Estado de no haber “adoptado medidas idóneas” para evitar los cortes (es decir: reprimir a los manifestantes) se puso en tela de juicio el derecho de los manifestantes a llamar la atención nacional e internacional sobre una situación que les causaba profundos temores y angustias.

La pregunta entonces es: ¿cuál es la conducta debida de un Estado que aspira a una sociedad democrática ante un pueblo que se manifiesta por un interés legítimo sin violencia pero causando un daño económico?

3. Creo que una sociedad democrática, entre otras notas relevantes, es la que expresa un pueblo que se interesa por las cosas que le pasan, tanto en lo político como en lo social y económico. Si, además, ese pueblo se preocupara no solo por quién ejercerá el poder y cuáles serán sus ingresos sino también por su calidad de vida y el medio ambiente en que se desarrollará, creo que estaríamos ante un desarrollo cultural superior.

Una sociedad democrática es la que promueve el debate público y la participación. Una tesis conservadora de la democracia rechaza las manifestaciones populares advirtiendo que solo se gobierna por medio de representantes, pero una visión que auspicie la participación no negaría ese principio, pero tampoco la posibilidad de que los ciudadanos adviertan a sus gobernantes sus criterios respecto de cada tema.

Esa sociedad ideal podría expresarse por medios de comunicación que no ejerzan monopolios u oligopolios. O lo haría en plazas públicas, universidades, colegios, clubes, partidos políticos, y demás instituciones que el pueblo se de para desarrollar sus intereses sociales, culturales, económicos y políticos.

Y, por fin, si el desarrollo democrático fuera aún mayor y alcanzara el ámbito económico y el reparto de la riqueza, las expresiones populares estarían exentas de la angustia de pensar que una fuente de ingresos que puede clausurarse será la ruina de esa comunidad, porque existirían alternativas y recursos para la remediación ambiental.

4. Esa sociedad democrática aún no existe. El reparto de la riqueza es desigual e injusto. Los medios de comunicación no son democráticos sino oligopólicos. Los partidos políticos no encuentran el modo de canalizar la participación. Y el listado podría seguir. En ese marco, creo que si una comunidad se expresa solicitando –sin violencia- auxilio ante una situación que atemoriza y angustia porque cree que peligra su modo de vida, plantear la represión es negar la posibilidad de construir una sociedad democrática.

5. Creo que nadie puede dejar de aspirar a una sociedad donde el pueblo se exprese y luche por intereses nobles. Buena calidad de vida, buena alimentación, trabajo, educación, salud, respeto por el medio ambiente son, a mi juicio, intereses que deben ser protegidos. Se dirá que nadie critica a los manifestantes por reclamar, sino por haber cortado las rutas. El único modo de expresar un reclamo es poder hacerse oír. Y en el equilibrio entre el medio y el fin, no parece que los manifestantes hayan estado demasiado equivocados. No ejercieron violencia en ningún caso; si, de suyo, la fuerza para evitar el tránsito. Y en su criterio estaban defendiendo su subsistencia como comunidad.

6. Resulta entonces llamativo que Argentina se haya tenido que defender en un tribunal internacional por haber tenido un pueblo que se expresó por un interés noble, creyendo que lo hacían por la salud de su comunidad, sin violencia, provocando tal vez daños económicos. ¿En la balanza del derecho pesa más el perjuicio económico que el temor pacífico de una población por su subsistencia?

7. La pregunta anterior es lo que me lleva a escribir esto. ¿Estamos tan lejos del ideal de una sociedad democrática que se condena a los que expresan sin violencia por intereses nobles?

Supongamos que, aun, los manifestantes están equivocados. Que sus temores son infundados y que nada afectarán sus vidas las industrias pasteras. ¿Eso habría justificado que se reprimiera a una manifestación pacífica porque generara daños económicos? ¿Cuál sería el límite de la represión, los gases lacrimógenos, los palos, las balas de goma o las de plomo?

8. Sigamos suponiendo que los manifestantes estaban equivocados. ¿Alguien supone que los palos les habría revelado “la verdad” o, aun si estaban en lo cierto, a cruzarse de brazos? La tarea de la sociedad democrática, en ese caso, habría sido dar información, educar, persuadir, convencer sobre el error o sobre la existencia de vías mejores.

9. Hay una versión cínica de los que reclaman represión. Sostienen que aun si los manifestantes tienen razón en sus reclamos no deben cortar las rutas. Es obvio que la construcción de la democracia exige oír al otro y, a veces, es necesario gritar. No auspicio los gritos, pero vale la pena escuchar si el que grita es una comunidad que lo hace de modo casi unánime y pacífico. Tal vez deberíamos pensar en porqué el modo de hacerse escuchar es cortar una ruta, y eso seguramente nos va a llevar a la carencia de instituciones suficientes en nuestra democracia, y a una tarea pendiente del pueblo y de sus dirigentes (políticos, culturales, empresariales y religiosos).

10. La democracia es un ejercicio constante de construcción colectiva. Y en estos tiempos de globalización deberíamos aspirar a que esa construcción colectiva sea alentada entre países vecinos. Y si todavía no hemos logrado las instituciones que la democracia requiere para que no sean necesarios los cortes de ruta, lo aconsejable sería que nos tengan un poco de paciencia y nos ayuden a lograrlo. Y, seguro, no va a ser proponiendo el reparto de palazos como el deber internacional de un Estado ni como método de construcción democrática.

Escrito en noviembre de 2006. Publicado en como “El Estado y las expresiones populares: diez ideas sobre los cortes de ruta”, revista Debate, 11.01.07.

 

Una respuesta to “Sobre el deber del Estado ante expresiones populares y la construcción de la sociedad democrática: a propósito de los cortes en Gualeguaychú”

  1. lina Says:

    oigan ustedes no publican lo k yo necesito para mi trabajo
    nononono k mk tan inutil chao mas bn carajo…

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