El respeto por el voto: a propósito del “voto clientelista” y la representación política del segundo cordón bonaerense

EL RESPETO DEL VOTO Y LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA DEL SEGUNDO CORDÓN BONAERENSE

Cada elección popular implica decisiones políticas, preferencias ideológicas e intereses económicos. Y genera en cada uno de los actores (que, en mayor o menor medida son todos los que, como votantes o candidatos, participan de la lucha electoral), sensaciones de alegría, tristeza, esperanza, desilusión. En suma, la elección popular implica la generación de situaciones sicológicas e intereses políticos y económicos. Esto tal vez explica la desconsideración del voto que no agrada, pero no la justifica.

Todas las descalificaciones son ideológicas, muchas son expresadas con mal gusto pero algunas, además, imputan la negación de la voluntad popular. Es decir, la negación del voto como legitimación de la atribución del poder democrático y, así, del sistema.

En este último conjunto incluyo a las que califican a las decisiones electorales de los más humildes como voto “clientelista”, “cautivo”, etc.

Tal calificación supone que una relevante masa del electorado no vota a cierto candidato o partido político porque considera que es lo mejor para el país o para sus intereses particulares, sino porque ha sido comprado por un precio en dinero o especies. O, peor, supone que las clases bajas adoptan decisiones por ignorancia, engaño o porque son virtualmente incapaces de razonar un voto mejor. Por cierto, la misma descalificación no es extendida a las clases de mayores ingresos si su elección se dirige a opciones que expresamente declaran que defenderán sus intereses económicos, a veces basados en privilegios injustos.

¿Cuál es la prueba de la “ignorancia” de los electores? Pues que no han elegido la misma opción que los más “instruidos” o que poseen mejores ingresos económicos.

Es obvia la añoranza de la institución de un voto calificado, que constituye la negación de la democracia y del principio “un hombre -una mujer- un voto”.

La crítica parece propia del siglo XIX, anterior al voto secreto y universal. Sin embargo, ha sido escuchada, y mucho, en la Argentina del 2007. Sin ponerse colorados por la imbecilidad de semejantes afirmaciones fue desarrollada por analistas, periodistas y políticos como la explicación del voto del segundo cordón del conurbano bonaerense.

Hasta se dijo que existe una suerte de plan mefistofélico donde la conservación de la pobreza asegura el voto hacia el peronismo. Esto presupone: solo los ignorantes votan al peronismo, ergo los pobres son ignorantes. Una suerte de “síndrome de Estocolmo” masivo, donde los secuestrados políticos eligen a sus captores.

Más allá de la falta de respeto por el conocimiento y la decisión de los habitantes del segundo cordón bonaerense, la crítica expresa la idea de alguien que cree que el único saber es el que se representa en títulos expedidos por las instituciones de la educación formal o en el monto de los ingresos. De suyo que la educación formal contribuye a desarrollar las capacidades intelectivas, pero la sabiduría no surge solo de la cantidad de horas pasadas en una escuela o universidad ni se expresa solo en los ingresos. Diógenes habría sido calificado como votante clientelista.

No niego que puedan existir prácticas delictivas de captación del voto, pero se trata de hechos policiales que no pueden ser el núcleo del análisis de un voto masivo.

El voto es, en primer lugar, una elección entre opciones cerradas. Cada votante no construye un universo, sino que elige entre no más de tres o cuatro opciones. Para ello evalúa sus intereses personales y económicos, sus preferencias ideológicas y, en menor medida, su simpatía por el candidato. La visión de un rebaño que vota irreflexivamente es tan absurda que demuestra desconocimiento sobre el pueblo argentino y, en particular, de la realidad del conurbano y su gente. Que el votante elija por quienes tienen alguna proximidad con su vida y le brinda algún servicio público (con más o menos deficiencias) es absolutamente racional. Irracional sería que decidiera elegir a quien solo ve en una pantalla de televisión, o que cuando se refiere a él lo trata de ignorante por elegir a otro candidato.

El dato de las opciones ha sido ilustrativo en la experiencia de octubre de 2007. Las criticadas “colectoras”, aun cuando debilitan la idea de partido implicaron la opción de cambio en varias intendencias del conurbano y, precisamente, no fueron siempre beneficiados con el voto los que contaban con las mejores posibilidades de desarrollar el voto clientelístico. Los ejemplos de Lanús o Quilmes, entre varios otros, son el contraejemplo de los que sostienen la teoría de voto clientelístico. Si ella afirma que el oficialismo rara vez pierde en el conurbano bonaerense, los casos donde no ganaron prueban que no hay tal práctica clientelística, o que ella no sirve.

La tesis es absurda, pero su difusión sorprende. También apareció un lamento por el peso electoral de la provincia de Buenos Aires. Algunos hasta añoran el colegio electoral que diluía el peso de los habitantes de la provincia. ¿Tienen acaso los bonaerenses la culpa de ser muchos? Obviamente no.

¿Estará relacionada la crítica del voto bonaerense con el lamento de su peso político? No puedo afirmarlo, pero vale advertir que, a diferencia de lo que se difunde, la representación política de los bonaerenses no está sobredimensionada, sino todo lo contrario. Recientemente una muy buena nota del periodista Armando Vidal en Clarín recogiendo un informe parlamentario lo puso de manifiesto. En la Cámara de Diputados (cámara representativa) la provincia de Buenos Aires no tiene la representación que le corresponde de acuerdo a la Constitución por la cantidad de habitantes. Ello ocurre porque no se aplica el Censo actualizado sino el de 1980, y rige una ley de la dictadura del 14 de julio de 1983 (22.847) que beneficia a la Ciudad de Buenos Aires y a las provincias menos pobladas. Un ejemplo es suficiente: cada diputado nacional de la provincia de Buenos Aires representa a casi 200 mil habitantes, mientras que su colega de Tierra del Fuego (para dar el ejemplo extremo) a poco más de 20 mil habitantes.

La crítica al electorado bonaerense del segundo cordón es ideológica, discriminatoria y basada en supuestos falsos. La crítica del peso de político de su población infundada. Por cierto, la desigualdad entre el volumen de población de la provincia de Buenos Aires respecto de las menos habitadas merece análisis y tratamiento. Y especialmente en relación con la diferencia de su producción agropecuaria e industrial con la minera o hidrocarburífera de muchas otras, lo que repercute fuertemente en sus posibilidades tributarias y presupuestarias. Esto, unido a una política demográfica y de distribución del ingreso, requiere un debate político y económico de envergadura. Implica un modelo de Nación.

Pero esa discusión debe comenzar por admitir y comprender las elecciones de los bonaerenses como libres y racionales (y, en su caso, si no agrada, proponer la modificación por vías democráticas), es decir: por respetar a los habitantes del segundo cordón, quienes soportan con dignidad sus necesidades y no merecen el insulto de quienes se creen superiores solo por pensar distinto, haber cursado en la universidad o tener mejores ingresos.

Una respuesta to “El respeto por el voto: a propósito del “voto clientelista” y la representación política del segundo cordón bonaerense”

  1. http://busca.meaviso.net Says:

    Public Post

    Su Articulo ha sido indexado en http://www.meaviso.com/wordpress/archives/57773
    The Colombian Search Engine – BoyacacunTeam
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